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Historias

Hola, aquí iré publicando mis historias ^^ espero que les gusten. algunas son más largas y otras más cortas pero todas tienen su significado.


Las gotas de lluvia se deslizan por los cristales de la deslucida ventana. La cabaña está sumida en la oscuridad, solo iluminada en momentos por haces de luz de los relámpagos que surcan las nubes y anuncian los estallidos de los truenos. Dentro unas manos hacen la función de ojos abriendo cajón tras cajón en busca de las que, en ese instante, parecen inexistentes velas. La luz de un rayo que ha caído cerca inunda la habitación haciendo que, por un segundo, todo sea visible. En ese momento, en un reflejo, los ojos captan la silueta cilíndrica de la cera. comienza a buscar frenéticamente las cerillas que deberían haber junto a la vela, tras un momento de incertidumbre al no encontrarlas se para. Con los brazos en alto y determinación, comienza a andar lentamente hacia la cocina, hay un mechero junto a la caldera. Con él enciende la vela y consigue finalmente que sus ojos vuelvan a funcionar. La lumbre es escasa y el movimiento de la llama crea sombras escalofriantes, pero su calidez absorbe todo lo demás. Vuelve al dormitorio, se acerca a la mesilla y deja caer cera derretida encima creando un soporte improvisado para la vela. Se sienta en la cama y por un instante que podría haber sido eterno se pierde en las sombras que crea la danzante lumbre. Otro rayo cae, la estancia se ilumina ampliamente con la fulminante luz blanca absorbiendo por un momento el fulgor anaranjado de la vela. Mira por la ventana al mismo tiempo que el trueno retumba en sus oídos. Las gotas forman figuras increíbles en el vidrio mientras el viento implacable golpea con fuerza la cabaña haciendo que la madera antigua cruja. No hay miedo en su mirada cuando extiende la mano hacia la ventana y apoya su palma contra el vidrio. En sus ojos se puede ver como besa la lluvia y abraza la tormenta.





“Los libros se amontonan a su alrededor en columnas torcidas que amenazan con caerse, solo la luz del ordenador ilumina la estancia, unos ojos vacíos miran la pantalla mientras sus dedos, que parecen tener vida propia, aporrean el teclado, escribiendo y borrando, escribiendo y borrando, escribiendo y borrando… tiene que acabarlo, la entrega es dentro de dos horas y el final la está matando. El móvil vibra cada cinco o diez minutos, no le hace caso, ya sabe quién es, sabe que dicen los mensajes, lleva toda la noche igual. Date prisa, date prisa, hay que entregarlo ya. No se da cuenta de que eso hace que vaya más lenta, pero ya no le hace caso, solo importa terminarlo, que el final sea perfecto y a la vez insustituible. Solo importa eso.”




"Inspira, espira, inspira, espira..." me decía continuamente a mi misma, "lentamente, inspira, espira..." no debía entrar en pánico, solo respirar lentamente, hacer que mi corazón fuera más despacio, gastar menos oxígeno, no debía gastarlo, había visto demasiadas películas para saber que ponerme histérica no me ayudaría en absoluto, solo empeoraría la situación. Sentí la pierna dolorida, estaba atrapada y no podía moverla, intenté un último esfuerzo pero era imposible, a menos que pudiese mover todo lo que tenia encima no podría sacarla, y yo, con la escasa fuerza que tenía y la situación en la que me encontraba metida me era imposible. ¿Por qué había acabado ahí? Ah sí, había ido a clase, que buen momento para volverme buena alumna, el edificio tenía los pisos superiores en obras, pero nos hacía ir de todos modos, "No hay peligro alguno" decían, que me lo dijeran a mí ahora. Era muy temprano, ni siquiera había salido el sol, no había casi nadie en los pasillos, una limpiadora y algún que otro alumno medio dormido. Me dirigí a las escaleras, estaban al fondo del pasillo, empecé a subirlas y todo empezó a temblar, "un terremoto" me dije "pasará en un momento". Seguí subiendo y noté que algo había caído sobre mi cabeza, era una piedrecita, miré al techo, una gran grieta se había abierto y cada vez se hacía más grande, eché a correr, de repente un trozo de techo cayó sobre las escaleras impidiéndome el paso, intenté retroceder pero fue inútil, todo se me vino encima, sentí como si la tierra me tragase y todo se volvió negro. Cuando desperté creía no haber abierto los ojos todo se había vuelto de color negro, empecé a palpar a mi alrededor, estaba atrapada, no solo por la pierna aprisionada y seguramente rota, se había creado una burbuja de aire entre los escombros, seguramente había tenido mucha suerte, eso, si me encontraban a tiempo. Intenté buscar mi móvil, estaba completamente roto, no servia para nada, la tecnología me había abandonado. Me quedé en silencio, demasiado silencio, traté de agudizar el oído, nada, no podía escuchar nada, ¿sería porque mis oídos se habían atrofiado con la caída? chasquee los dedos, no, mis oídos estaban bien, entonces, ¿no había nadie ahí fuera? o quizá había demasiados escombros para que yo pudiese oír nada, no podía estar segura pero ninguna de las opciones me gustaba, ¿y si nadie más había sobrevivido? o tal vez nadie se había dado cuenta, estábamos a las afueras, puede que nadie hubiese visto nada, entonces, estaría perdida... No, me dije, me salvarían, tenia que venir más gente, tanto alumnos como profesores, me salvaría, solo tenia que esperar, aguantar hasta que me sacaran de ahí, inspirar y espirar, nada más.


En la orilla, ella otea el horizonte. Hace tiempo que el sol se puso pero sigue mirando hacia donde el mar se tragó los últimos rayos del astro.
Poco a poco el cielo se va oscureciendo y empiezan a verse estrellas en el firmamento pero ella no las contempla, solo ve el débil reflejo verdoso que divisó cuando el sol desapareció de su vista.

No deja de pensar en ese verde tan hermoso que le había recordado a sus ojos, esos ojos que ya no volverían a mirarla.


Me encontré buceando sin la necesidad de tomar aliento en la profunda fosa oceánica iluminada por la preciosa ciudad perdida. Los acuáticos seres que allí habitaban me guiaban hacia la superficie alejándome más y más de la luz. Salí del agua y respiré, pero cuando abrí los ojos me encontraba en una extraña habitación de hormigón. Olía a muerte, a gas, a putrefacción. Allí me encontré a un hombre con un bigote ridículo, el pelo lacio y la mirada intensa. Me invitó a salir de esa estancia para entrar en otra más elegante iluminada por la luz llameante del hogar. Yo, que lo había reconocido al verle, le pregunté el motivo de la atrocidad por la que se le conoce, pero él no me contestó, se limitó a sonreír y se dirigió a las llamas para desaparecer junto a ellas. La habitación quedó en penumbra y decidí irme. Me acerqué a la ventana donde pude vislumbrar lo que parecía un barranco infinito. Un pterodáctilo lo sobrevolaba y decidí saltar sobre él. El dinosaurio me llevó sobre su lomo a través de las nubes, entre islas flotantes y seres maravillosos. La noche cayó sobre nosotros y note como mi cuerpo se adormecía, cerré los ojos y cuando los abrí una cama había sustituido al dinosaurio, ya no estaba ahí, y lloré. La realidad me hizo llorar.



Todos somos diferentes, cada persona es un mundo en sí mismo, con sus costumbres, sus gustos, sus creencias, sus recuerdos… Las experiencias que vivimos nos definen, las personas que entran en tu vida y sus propias experiencias te cambian lentamente. La vida es como un camino, tú defines el camino que dejas atrás pero andas sin saber qué te depara, solo conoces el final del viaje, conoces el destino pero no el camino, ni la duración, ni las curvas o los baches, ni las alegrías ni las tristezas, tampoco las decisiones o las preocupaciones, ni siquiera los que te acompañen en él, solo el final. Ese final en el que acabamos todos, pues es para todos igual, todos somos iguales al final, aunque creamos en unas cosas o en otras, el final del camino es el mismo, con más esperanzas o menos, con más fe o menos, al final no se hacen diferencias, ni de sexo, ni de edad, ni de raza, ni de creencias, ni de orientación sexual, ni económicas, ni políticas, ni sociales… al final de la partida, el rey y el peón van a la misma caja. Al final todos somos iguales, de que sirve entonces tratarnos de diferente manera durante el camino si todos somos iguales al final, de que sirve discriminarnos durante el camino si en realidad todos somos iguales. Al final todos somos iguales aunque seamos diferentes.



Me desperté sobresaltada con el sonido del despertador, hacía 3 meses que no necesitaba ponerlo, el cambio de gobierno después de la guerra había traído muchos cambios al mundo, pero eso ya no importaba, no se podía hacer nada. Todos habíamos caído bajo la influencia del nuevo gobierno, dejándonos llevar por lo que ellos decían que era lo mejor para el planeta. Hoy yo entraría en ese juego, hoy era mi vigésimo cumpleaños, el día de mi operación. Después de la guerra los vencedores habían llegado a la conclusión de que la diversidad de las personas era la que generaba las guerras, pensaron que si todos fuéramos iguales no habrían conflictos, por lo tanto decidieron que todos nos tendríamos que someter a una operación que nos cambiaría para siempre una vez nuestro cuerpo dejara de cambiar de forma natural, una operación que nos haría idénticos unos a otros, conviviendo mujeres entre mujeres y hombres entre hombres por separado, solo unidos alguna vez para procrear niños que ni siquiera vivirían junto a sus padres, así también borrarían el amor del juego, para ellos, la mayor causa de conflictos. Al final seriamos los útiles robots que ellos necesitan pero, ¿seguiríamos siendo personas? Muchos de nosotros nos hacemos esta pregunta, al menos eso creo, ya que hace meses que no veo a nadie, estoy aislada pues soy… ¿cómo lo decían ellos? Ah sí, potencialmente peligrosa y agresiva. Por ello habían adelantado mi operación un año antes, pues yo, por mi parte echo de menos aquel tiempo en el que convivíamos personas diferentes entre nosotros, y la verdad, ser una niña buena que no lucha por lo que cree no se me da demasiado bien. Pero después de 3 meses confinada en una celda blanca y esterilizada, esperando este día me he acabado dando por vencida, no puedo hacer nada contra ellos, simplemente me llevarán a la sala de operaciones y me cambiarán, no sé qué pasará conmigo después de eso, espero que al menos me dejen la capacidad de pensar por mí misma, pero teniendo en cuenta la falta de conflictos supongo que tampoco nos dejarán eso. Ya abren la puerta blindada, se acerca mi fin, pues esto es peor que la muerte, simplemente espero que algún día alguien de verdad se rebele, la gente le siga y podamos salir de este atolladero en el que nos han metido a presión, pues a mí me dieron la espalda pero sigo teniendo esperanzas en que algún día la gente se dé cuenta de su error y piense de verdad por sí misma. Ya me llevan a la sala, le digo adiós a mi cuerpo cuando lo veo en un reflejo fugaz. A esto nos llevó la discriminación, la guerra entre razas, la guerra de credo… a un mundo estéril y sin vida.


Desde el balcón de la habitación del hotel podía verse una gran luna llena rodeada por una halo de luz incandescente. Una música suave procedía de la calle, muy por debajo de donde se encontraba ella un músico callejero intentaba ganarse la vida tocando una armónica y una guitarra, la canción era hermosa. Dentro de la cálida estancia la luz suave del hogar iluminaba débilmente el saloncito y la entrada de la habitación principal que se encontraba a oscuras. Todo estaba decorado con muebles de época de colores granate y dorados al más estilo Versailles, parecía transportarte a otro tiempo, con menos preocupaciones y problemas. Se acercó a la puerta de la habitación y abrió una rendija para verle, una espalda desnuda se descubría entre las sabanas de satén de una gran cama con dosel y ropajes de terciopelo rojo. Su pelo corto y claro dejaba ver su cara, estaba exhausto y dormía plácidamente. La noche estaba acabando para el resto del mundo pero para ellos el día se había convertido en noche y la noche en día. Cerró la puerta y volvió al balcón para disfrutar de los últimos rayos de la luna y el amanecer que se escondía entre los alto edificios. Cuando el sol empezó a asomarse sonaron unos pasos sordos detrás de ella, no se asustó, dejo que él la abrazase tiernamente por la espalda, disfrutaron del amanecer en silencio y volvieron a la habitación en un camino de besos y caricias.


Soledad. Eso es lo que siento estando rodeada de sombras, sombras que me miran con maldad y codicia. En estas cuatro paredes que parecen cada vez más cerca, estrechando la estancia, componen mi celda con una sola una puerta estéril, custodiada por espías casi invisibles de tripas de metal y ojos de cristal. Una de las paredes es invisible aunque se que está ahí, la toco, mi mano se topa con una textura lisa, fría, sin imperfecciones. Al quitar la mano se ha quedado una marca. Desde esa pared puedo observar el exterior, miro a través de ella, hay más sombras que se deslizan delante de ella, yo las veo, pero ellas no me ven. Sigo en mi celda, la soledad me invade y no puedo hacer nada por evitarlo, las cadenas que me acompañan a todas partes me aprisionan, aunque saliese de la celda las cadenas me seguirían a donde fuera creando una falsa libertad. Sueño con el día en que rompa las cadenas, expanda las alas y pueda volar.


La lluvia caia sobre la ciudad, me pilló caminando pero no me importó. Estaba paseando cerca del río, las gotas de lluvia se mezclaban con el caudaloso río que se deslizaba hacia el horizonte. Sentía el agua recorrer mi rostro y empaparme por completo, era una tarde de verano y la fina lluvia no era más que un refrescante añadido al tranquilo paseo que había decidido dar. Tenía muchas cosas en las que pensar y la situación era la propia para desvanecerse en el horizonte y olvidarse de todo.


Erase una vez, una niña que andaba siguiendo un camino de piedras de colores. La niña, siguiendo este camino pasaba por diversos parajes, bosques, praderas, montañas altísimas, lagos, campos llenos de flores, ríos, acantilados... la niña disfrutaba de cada paisaje que se encontraba y jugaba con los animales que se encontraba en ellos. A veces se encontraba con bifurcaciones y tenia que elegir que camino tomar, siempre era una decisión muy difícil pues ella quería verlo todo, pero al final siempre conseguía decidirse. No todos los caminos eran buenos, pero siempre seguía adelante para ver que le esperaba la siguiente aventura. A lo largo del camino se iba encontrando a personas muy diferentes, algunas amables, otras no tanto, algunas se iban rápidamente, otras se quedaban durante un tiempo, pero la mayoría no se quedaba siempre. Otras veces se reencontraba con alguna que había dejado por el camino y, normalmente, contentas se contaban lo que habían visto en sus caminos desde la separación. 
El camino podía llevar a cualquier lugar, a uno solo o a varios al mismo tiempo, pero el destino no es importante, solo lo son las experiencias que vives en el camino.


La muchacha vestida de blanco pasaba desapercibida sentada en el banco de aquel parque. Las demás personas pasaban por su lado sin darse cuenta de su presencia como si nunca hubiese existido aquel banco, como si la niebla se lo hubiese tragado. Sus manos se aferraban al banco sin impedir que su precioso vestido blanco se empapase de las lagrimas que recorrían sus mejillas y caían en su pecho inundándola por completo. Miró hacia el cielo y éste se contagió de su tristeza llenándose de nubes, comenzó a llover, al principio lentamente, pequeñas gotas que no importaban demasiado a los viandantes, poco a poco empezó a llover con más fuerza haciendo que en pocos minutos las calles quedaran vacías, la gente se aglutinaba bajo el resguardo de los toldos, los portales y las tiendas. Mientras tanto la muchacha seguía en aquel banco, seguía llorando pero sus lagrimas ya no se distinguían entre la lluvia.


La fiesta no podía ir mejor, el volumen estaba tan alto que el suelo retumbaba al ritmo de la música. Ami bailaba en la pista con su mejor amiga, Emily. Se sabían todas las coreografías y todos las miraban, algunos intentando seguir los pasos y otros simplemente embobados mirando sus cuerpos con lujuria. 
Ese día Ami había sufrido mucho por culpa de un idiota y Emily, para animarla, había montado la fiesta en su honor, sabía que una de las únicas cosas que en ese momento repondrían a su amiga sería bailar hasta el amanecer. Entonces se giró a ver a su amiga cuando ésta se paró en seco, una sombra cruzó su cara y Emily no tardó en mirar hacia donde miraba su amiga, la puerta, en ese momento abierta por donde entraba en ese momento Ian, el idiota. A ver que las chicas se habían parado la música se quitó y todos miraron hacia la puerta, Emily saltó del escenario, todos la dejaron pasar formando un pasillo que acababa en Ian.
-¿Qué haces tú aquí?
-¿Qué clase de fiesta es esta que para recibir a alguien se para la música? 
-Tú no eres nadie, no deberías estar aquí.
-He venido por mi novia.
-Ella no es tu novia.
-¿Quién lo dice? ¿Tú?
-Pues sí, largo de aquí.
A esas alturas todos en la fiesta estaban reunidos en la entradita mientras Ami miraba desde el escenario. Unos chicos que estaban cerca de Emily intentaron intervenir en la discusión.
-Emily, ¿te está molestando?
-No te preocupes Josh, Ian ya se iba.
-No me voy a ningún sitio sin hablar con ella primero.
-Aun no te has enterado de que ella no quiere hablar contigo ¿no? Ni yo quiero seguir viendo tu careto en mi local así que lárgate.
-¡AMI! ¿LE PUEDES DECIR A LA BOCAZAS DE TU AMIGA QUE ME DEJE PASAR?-Dijo gritando mientras miraba a Ami a los ojos. Ella, congelada, no hacía más que mirar a su amiga y a Ian. Emily al ver recorrer una lagrima por la mejilla de su amiga ya no pudo aguantar más y le pegó un puñetazo en la nariz a Ian que sabía que más tarde le dolería más a ella que a él. Ian se llevó las manos a la cara para contener la hemorragia nasal mientras Emily sujetándose la mano dolorida le dijo:

-Te he dicho que no eres bienvenido aquí, no vuelvas a dirigirle la palabra, ni siquiera la mires, ¿Me has oído? -y dirigiéndose a los otros chicos dijo- Sacad la basura de aquí, me está apestando el local.



Noche de Tormenta.

En lo alto de la azotea, donde nadie pudiese encontrarla, a nadie se le ocurriría subir ahí un día de tormenta, estaba a salvo de miradas curiosas e inquisidoras. Los truenos caían uno tras otro asustando a la ciudad, la luz se había ido y todos estaban escondidos en sus casas con sus velas y linternas esperando que la tormenta parase, que volviese la luz y pudiesen seguir sus vidas tranquilamente. Una persona había desaparecido de su casa, no se preocuparon demasiado, estaría escondida en algún portal, a ella no le asustan los truenos, se repetían una y otra vez en su casa. Pero ella no está en un portal, ella está en la azotea, prácticamente hecha una con el agua, la lluvia oculta sus lagrimas y los truenos sus llantos, la tormenta había llegado en el momento en el que ella más la necesitaba, así podría esconderse, nadie notaría su tristeza. Y así su voz quedó muda ante el rugido del cielo, aunque a veces se podía escuchar una voz rota en el firmamento que preguntaba "¿Por qué?"


Cierra los ojos y extiende los brazos entre la hierba alta. Los dedos de sus pies y de sus manos sienten el ligero roce de los tallos y las hojas de las plantas que la rodean. Su cabello se extiende cual abanico entre las flores mientras la brisa acaricia su rostro inmaculado bañado por la suave luz del sol de primavera. Puede oír como un pequeño manantial vierte sus aguas entre unas piedras cercanas, el goteo del agua y el sonido de los pájaros cantores llenan la estancia produciendo en la joven una tranquilidad infinita. Vuelve a abrir los ojos para contemplar los pequeños cúmulos de nubes intentando ver formas imposibles en ellos. Ve un conejito, un barco pirata, un dragón, una carroza tirada por caballos alados, una tortuga... Su imaginación viaja entre las nubes, viéndose a si misma surcándolas, sintiendo la libertad en todos sus poros. En esos momentos, ella es completamente feliz.


Camina por la acera solitaria en la noche fría mientras sus cabellos se llenan de los ligeros copos de nieve que caen lentamente y que envuelven todo lo que tocan en un manto blanco perfecto. Sus pasos se pierden en la oscuridad entre las escasas farolas y las huellas que deja rompen la perfección del paisaje pero enriquecen la escena para los ojos curiosos de este narrador que la sigue desde la oscuridad. Sigue avanzando hasta llegar a la siguiente farola, donde se encuentra con un edificio con cristales polarizados. Mira en ellos su reflejo, su largo pelo rubio suelta pequeños brillos creados por la luz de la farola reflejada en las pequeñas gotas, que sin duda momentos antes eran delicados copos de escarcha y ahora ante el contacto se han derretido. Su abrigo largo y negro está cubierto de nieve y sus botas se ocultan entre la capa blanca del suelo nevado. Se acerca un poco más al cristal para fijarse en su rostro, cuya pálida piel contrasta con el oscuro abrigo, sus labios se han vuelto morados por el frío y unos ojos color añil la miran con tristeza mientras las manchas negras de máscara de pestañas van tiñendo con lagrimas sus mejillas enrojecidas. Pero para sorpresa de este narrador, en lugar de producir una mueca producida por el llanto, sonríe ante el espejo y sigue su camino desapareciendo en la oscuridad.


Seguir su viaje, solo pensaba en eso, seguir su viaje y no mirar atrás, eso la mantendría firme, sin recordar el pasado. Se fue huyendo de allí, su casa, su hogar, su familia. No podía seguir allí, no después de aquello.


Va caminando como siempre, escuchando música con los auriculares, cantando en voz alta, no le importa quien la mire, quien la oiga, quien se espante por su personalidad. Justo en el momento de más interés de la canción nota unos toques en el hombro, se gira para ver quien se ha atrevido a interrumpirla y se encuentra con sus ojos. Mira sus labios que se mueven diciendo algo pero ella no le escucha, sigue con los auriculares y la música sonando a todo volumen. Se los quita.
―Perdona ¿qué? No escucho nada con esto puesto.
―Decía que un día de estos te va a pillar un coche por estar siempre con los auriculares y sin prestar atención a lo que te rodea ―dice riéndose a carcajadas― y sabes que tengo razón.
―Si, ya, claro, lo que tú digas. ―Dice mientras sigue andando y se pone de nuevo los auriculares algo molesta.
―Eh! espera, espera, no te he interrumpido en tu hobby favorito por nada, ―dice quitándole los auriculares― necesito tu consejo para algo...
―Ay no, a ver, ¿quién es esta vez? Alicia, Mildred, Susana o quizá Martina.
―Venga no te burles de mí, sabes que soy irresistible ―Lo decía irónicamente, y eso, era lo peor, porque era verdad, era el chico más atractivo de toda la ciudad, y por supuesto tenia a todas las chicas coladitas detrás de él. Aunque rara vez se daba cuenta de ello. Parecía ciego en esos tena, creía estas maldito en cuanto a las mujeres, ya que sus relaciones siempre, y digo SIEMPRE, acababan mal.
Ella le miró y le sonrió, siempre había sido su mejor amigo, algo que hacía que su corazón se entusiasmase y estremeciese a la vez.
―A ver, ¿cuál es tu problema esta vez?
―Carmen...
―Oh dios mío, otra vez no, ¿Carmen? ¿En serio?
―Me dijo el otro día que quería ir al cine conmigo y... no sé qué hacer.
―Dile que no, venga hombre la última vez se dio el lote con otro delante de ti.
―Eso no es del todo cierto...
―Yo también estaba ¿recuerdas? Por mucho que ella diga que el tío se le tiró encima no es cierto, yo la vi tonteando con el mientras no estabas.
―Pero...
―Ni peros ni manzanas, ¿la crees más a ella que a mí?
―¡Pues claro que no!
―Pues zanjado
―Eso no es lo único...
Ahora lo mira con cara de interrogación, ¿qué sería esta vez?
―El otro día en la comunión de mi prima conocí a una chica y...
―¿Y?
―Bueno... pues nos liamos en el baño y ahora se comporta como si fuéramos novios o algo parecido, no deja de llamarme y enviarme mensajes ―dice mientras le enseña el móvil, la cantidad de mensajitos en los que se despedía con un TQM o un XOXOXO era exuberante― ya no lo soporto más...
A esas alturas ella ya no se podía aguantar la risa, empezó a soltar carcajada tras carcajada mientras a él se le dibujaba la cara de poker en el rostro.
―Y tú por qué te ríes mala pécora??―dijo mientras la cogía para hacerle cosquillas y él se reía a la vez. Ella consiguió zafarse de su abrazo cosquilloso y empezó a huir mientras seguía riéndose. Él salió a correr detrás suya y acabaron tirados en un trozo de hierba del parque mientras los dos se reían a carcajadas.
―Mira que eres idiota jajaja
―Pero, ¿por qué?
―Es que te lo buscas ―ella no podía dejar de reírse ante la cómica situación, sobre todo teniendo en cuenta que con la carrera y el revolcón en la hierba el moreno tenía el pelo revuelto y lleno de palitos, y pensó en cómo estaría su larga melena pelirroja a esas alturas.
―Ayudameee ―dijo mientras se tiraba en la hierba exhausto― sabes que eres la única a la que le cuento estas cosas.
―Soy tu única amiga
―No, pero eres la única que me sabe dar buenos consejos y que me escucha... no se, contigo estas cosas salen solas...
―Que honor...
―¡En serio! Venga no seas mala y échame una manita.
―Dile que te deje en paz, que te gusta otra persona o incluso que eres gay, eso la ahuyentará.
―Pero no quiero que la gente crea que soy gay, ya bastante mal me va con las mujeres...
―Ummm pues hazla sufrir, haz todo lo que le pueda molestar y se irá alejando ella sola.
―Tampoco quiero marcarme una reputación desastrosa.
―Pues jódete, tú solito te has buscado esta situación, dile que tienes novia y que lo vuestro fue un error. Se irá llorando y tú sufrirás pero tu problema se acabará.
―Eres un demonio.
―Pero me quieres.
―Claro, pero es que yo soy masoquista. Anda levantémonos y quitémonos esas hojas del pelo antes de que alguien piense lo que no es.
―Ya te gustaría a ti ―dijo mientras le tiraba un puñado de hojas a la cara al moreno y volvía a salir huyendo.
Siguieron riéndose y molestándose el uno al otro durante horas, y ella no dejaba de pensar en eso que le rompía el corazón y encadenaba su alma mientras dejaba ver su falsa sonrisa ante su amigo, que siempre había sido cortito para esas cosas. Demasiado cortito a veces.


Una niña va buscando la felicidad creyendo que es el regalo más importante, especial, y grandioso que la vida le puede dar. Nunca la ha experimentado pero sueña con ella cada día. Cuando crece la encuentra fácilmente y aprende a convivir con ella pero entonces descubre que es un arma de doble filo, que te ayuda a luchar contra todos tus temores, contra todos tus miedos pero que acarrea una gran responsabilidad y un gran peligro puesto que como viene, se va. La felicidad viene con facilidad, rápidamente, cuando menos te lo esperas, y se va con la misma rapidez. Es en ese momento cuando viene el dolor, la desesperanza, el miedo, la incertidumbre, viene el deseo de que la felicidad desaparezca para no volver a sentir de nuevo ese dolor, si no vuelve a ser feliz no volverá a sentir el dolor de la perdida de esa felicidad. Pero la felicidad vuelve, de incógnito, aferrándose a la existencia. Cuando la niña crece, madura, y se convierte en una mujer, descubre que la felicidad y el dolor vienen cogidos de la mano, pero que no debe huir de ellos, puesto que entonces se convertiría en un ser sin alma, un cuerpo vacío, sin sentimientos. La felicidad y el dolor hay que experimentarlos, hay que sentirlos en todo tu cuerpo, en cada poro, en cada pelo, en cada célula. Una cosa sin la otra no podría existir, pues no captaríamos su presencia, luz y oscuridad, felicidad y dolor, amor y odio, vida y muerte. Ideas opuestas que necesitan la existencia mutua.


Nyaaa~~ dijo la gatita mientras golpeaba el cascabel sujeto en su cuello. Miró a su amo expectante mientras él se acercaba a acariciarla. La caricia la tranquilizó. El soniquete del cascabel llenó el vacío que se había creado con la llegada del amo a la silenciosa casa. El amo parecía cansado, su día habría sido agotador. La gatita empezó a ronronear para darle la bienvenida. Al amo eso le bastaba, con el suave ronroneo de su pequeña gatita las fuerzas volvieron a él, con ella a su lado no necesitaba nada más. Se escuchó un ruido. La puerta se abrió de golpe y el amo la miró con tristeza, esperaba que después de aquello estuviera a salvo. El amo instó a la gata a que se fuera, pero ella no quería dejarle. Otro hombre entró a la casa. Olía a sangre y putrefacción. El amo se fue con el hombre con olor a muerte. La gatita se quedó sola. Se oyó un ruido muy fuerte y empezó a oler a sangre abundantemente la gatita no vería a su querido amo nunca más, no volvería a acariciarla y a darle mimos antes de acostarse, nunca más sabría de él.



La vida pasaba y ella la sentía solitaria y taciturna. Vivía rodeada de gente que creía que la conocía sin conocerla, que la quería sin quererla, que la amaba sin amarla.




La vida se escapa de mis manos a una velocidad exuberante, ¿cuándo acabará el sufrimiento que me corroe por dentro? Contaré esos segundos.




Miró al horizonte esperando el golpe que acabaría con su vida, vislumbró un anochecer rojo como la sangre que corría por sus mejillas el ave dijo, salta, pero ella sabía que si le hacía caso se estrellaría contra las rocas que salpicaban las olas en el fin del acantilado 

Es la única forma de ser libre humana 
Él tenía razón pero, ¿era la única solución que le quedaba? ¿morir en el anonimato? no lo creía. Dio media vuelta y se alejó del cuervo internándose en el bosque para volver a empezar, esta vez, pensó, sería diferente.



La vagabunda se agachó sobre los restos de la escuela de arte, alguno de los pinceles le serviría aunque otro lo desechase. La vagabunda nocturna iba en busca de sangre esa noche, no quería resentimiento ni odio, sino el amor más puro y hermoso para su obra.




El polvo caía sobre los objetos ya olvidados, sobre los suelos y los muebles de aquella casa que no volvería a ver la felicidad. Más allá, una niña no puede dormir, sus amigas acostadas a su lado sueñan con ángeles y hadas mientras ella ve los demonios de la realidad. Sentía como el ojo que se colaba por la cerradura la miraba atentamente. Tenía miedo de abrir la puerta y ver el cuchillo.




Llegó al acantilado y vio que la cala desierta, bajó por la pequeña escalinata con la suave luz de la luna llena reflejada en el agua. Las tranquilas y sosegadas olas bañaban la orilla. Se quitó la ropa y entro en las templadas aguas que se arremolinaban bajo sus pies. Escuchó un ruido a su espalda, se giró y preguntó.

¿Quién anda ahí? ―Soy yo, mi dulce dama- le respondió la voz que jamas confundiría. Las aguas que la cubrían ya no eran suficientes, si intentó ocultar ante la figura que la observaba. ―¿Qué se supone que haces aquí?
Paseaba cuando te vi desde el acantilado entrando en el agua, tu melena me aseguró de que eras tú. ¿Era solo una casualidad? pensó ella.


La niebla cubría la ciudad, parecía como si el algodón de azúcar crease un manto sobre ella. Desde lo alto del edificio miraba al horizonte soñadora, pensando en como sería poder volar y pensó ―¿qué hago aquí?― mas nadie le contestó.


Pasea por las verdes praderas entre bosques y campos cubiertos de flores buscando por el horizonte el castillo que fue destruido. El castillo casi derruido en su totalidad la envuelve entre sombras y misterios de tiempos pasados. Entre esas pareces aun parece oírse el barullo de las fiestas, con sus bailes y sus cánticos entre risas. Animada por el recuerdo de las fiestas no se dio cuenta de que la oscuridad la iba encerrando y las sombras la engulleron. Se fueron las risas y la diversión para dar paso a la tragedia y la tristeza. Las sombras oscuras de esas paredes derruidas la atrapaban. Oyó los gritos, las agonías y los sufrimientos los sintió e incluso pudo oler la sangre que manchó las paredes monstruosamente antaño. Aquello la atormentó, intentó huir fracasando estrepitosamente solamente consiguiendo que las sombras la atraparan más y más.



Siente tristeza cuando nace el astro entre las montañas orientales, la eterna desdicha de no poder verle hasta el siguiente crepúsculo. Unos riachuelos salados recorren su tez... Tristeza por soledad, por solo poder vislumbrarle en la bóveda oscura. Espera impaciente el día que vuelva a verle, tocarle y abrazarle diciendole al oido "te he echado tanto de menos..."


Coge carrerilla y echa correr con todas sus fuerzas, espera que esta vez esté sola, aunque sabe demasiado bien dentro de sí que no es así. Salta justo en el borde del acantilado para lograr la máxima velocidad. Siente el aire y el vacío que deja su cuerpo mientras cae y por un momento cree que lo logrará, pero justo en ese momento deja de caer. Mira resignada las rocas afiladas al final del acantilado ese debería haber sido su final, pero como siempre el se lo impide. Mira con cara de pocos amigos los brazos que agarran su cintura y las alas que sobresalen por los lados aleteando para coger altura, esas alas tan increíbles que adora. Alza la cabeza y se encuentra con la mirada seria de ese rostro perfecto que tanto ama. Nanael, un angel. Su motivo para vivir y morir en un solo ser.
¿Por qué me haces esto?― pregunta él serio, ella lo mira enfadada, 
Estaría mejor decir por qué me haces tu esto a mi...―la resignación aparece en su rostro perfecto 
Esta es la décimo tercera vez que te intentas matar, ¿no crees que deberías parar?― ella le mira
Tengo que conseguirlo alguna vez... pero tu no dejas de estropear mis planes...― él dolido y resignado ante la actitud de esa humana testaruda que le había robado el corazón cree que todo es inútil 
No crees que ya tendré bastante sufrimiento cuando mueras como para querer adelantar ese acontecimiento?
Valla, al final te has resignado ¿no? esta vez no sueltas el sermón de "todo se solucionará, hallaremos algún modo y bla bla bla"― dice imitando su voz y sigue hablando― no hay ninguna manera de que yo sea inmortal Nanael... soy mortal 
Pero...
De peros nada... es imposible... ¿no lo entiendes? tu eres un ángel, y yo soy humana, nacimos siendo lo que somos y no se puede cambiar... deberías dejar que me matara y tu hallarías la felicidad lejos de mi... yo, no quiero seguir viviendo sabiendo que no podré estar contigo Nanael..
Ni yo puedo vivir sin ti...― la abraza con fuerza mientras aterriza en un claro y entierra su cara en su pelo ella se da la vuelta coge su cara entre sus manos y le besa, aparta sus labios unos milímetros para decirle
Te amo.
Yo también te amo― ella le abraza
Ese es precisamente el problema... la única solución que le encuentro a esta encrucijada es mi muerte ...así serías libre..
El dolor por no verte me tendría cautivo- posa su mano en el rostro de ella y mira a través de esos ojos grises que lo enamoraron desde la primera mirada que cruzaron. -No puedo dejarte morir Grace... Te necesito demasiado.
Se besaron mientras el cielo se oscurecía en aquel claro. Sabían que aquello no terminaría nunca pero aun así mantuvieron la esperanza.


Recuerdo cuando desperté en el hospital, recuerdo que sentí hecha una mierda con todos esos medicamentos recorriendo mi cuerpo, las agujas perforando mi piel, los vendajes que paraban el flujo sanguíneo que resurgía de mis heridas, y todas esas miradas aliviadas y curiosas que clavaban sus ojos en mi. También recuerdo cómo el olor de la sangre empezó a llenar la habitación, como esas caras aliviadas se tornaron hacia el horror y el dolor. La sangre tiñó las paredes y los cuerpos comenzaron a caer inmóviles al suelo. Nunca me había gustado el blanco, aunque no recordaba el por qué de esa afirmación, simplemente lo sabía. Como también sabia que adoraba esa sensación de satisfacción dentro de mi cuerpo cuando todo se tiñó del color de la sangre.



Volando por el mundo te vi, volando habiendo perdido toda esperanza te vi, volando, si, volando te vi y la vida volvió a mi.



El amor es ver su cara y sonreír, es quedarte mirando al vacío pensando en esa persona dándote igual todo lo demás, es levantarte pensando en esa persona, es debilidad, es ser vulnerable, es querer estar el resto de tus días con esa persona


Seguía caminando por la arena, el desierto eternamente inexplorado por el movimiento continuo de las dunas se cernía ante él. Llevaba caminando horas sin descanso buscándola. Solo le quedaba media cantimplora de agua cuando la encontró. Al principio se creyó presa de un espejismo, como le había ocurrido momentos antes. Cuando se dio cuenta de que era real corrió hacia ella. Estaba tirada en el suelo, inconsciente, presa de un ataque de calor, no debió haberla dejado ir, sola, por el desierto, por una discusión que ya ni recordaba, la abrazó contra su pecho y le dio de beber la poca agua que le quedaba, él le habría dado su vida, cómo había sido tan estúpido? Perderla habría sido como morir para él. Ella despertó, le sonrió y volvieron al campamento. No hicieron falta palabras, con una mirada se dijeron todo.



Subí al escenario, todo el mundo aplaudía a la chica que había tocado antes que yo, era mi turno, me senté en la banqueta y esperé la orden para empezar a tocar. Cuando llegó, mis manos se movieron con soltura sobre las teclas, no era una pieza muy conocida pero era preciosa, mi mirada pasaba de las teclas a los espectadores de cuando en cuando para ver sus expresiones, y en una esas miradas rápidas le vi. Mi concentración cayó en picado y me equivoqué en un par de notas, nadie pareció darse cuenta ya que la pieza no era muy conocida, nadie excepto él, que sonreía a causa de mi error, cómo no iba a darse cuenta tras haberla tocado tantas veces para mi, era nuestra canción en aquel entonces, él la compuso para mi. Terminé de tocar y me levanté para saludar al publico que ahora me aplaudía fervorosamente a mi. Lo busqué con la mirada mas ya había desaparecido. Como la última vez que le vi, desapareció sin dejar rastro alguno de que hubiera existido. Y como la última vez, lloré.



Una nota discordante sonó en el cementerio, asustada se giró para indagar de donde había podido salir ese grito de dolor, no parecía una exclamación de pena ni soledad sino de un dolor terrible, pero no vio a nadie en aquel laberinto de huesos. Con inquietud siguió su camino cuando un segundo grito llenó el ambiente, esta vez estaba segura de no haberlo imaginado, se dio la vuelta y corrió hacia donde creía provenía el grito, mas por mucho que buscase no halló a nadie, el cementerio estaba vacío, como todos los días a esa hora de la mañana, ni siquiera el sepulturero aparecía a esas horas, solo ella se movía por el dormitorio de los muertos como siempre. Creyó estar volviéndose loca cuando unos y otro gritos provenían de todas las direcciones. Cayó al suelo de rodillas cuando de pronto los gritos cesaron, entre lagrimas miró a uno y otro lado. En ese instante lo vio, delante de ella ser flotaba en el aire mirándola fijamente a los ojos y desapareció. Y ella se quedó sola en el cementerio como cada día a esa hora de la mañana como siempre que iba a ver la tumba de aquel mismo que se le acababa de aparecer convertido en espíritu, conmovida se levantó, se dirigió a la tumba y llorando dijo 
-Te he echado de menos. Pero no te quedes por mi, se libre como antes, yo nunca más volveré.



Durante la tormenta me tumbé en la hierba escuchando los truenos y sintiendo la fría e insistente lluvia sobre mi rostro, hacía frío, los gritos de la naturaleza llenaban mis entrañas y yo los disfruté, más tarde quizás enfermara por ello pero no me importó.


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