La nieve caía lenta pero insistentemente, al poco rato de haber comenzado la nevada el suelo ya estaba cubierto por lo que parecía una alfombra enorme. Todo se había vuelto de color blanco y negro, no había ni rastro de los demás colores. Los árboles, los coches, las farolas, todo estaba cubierto, incluso los paraguas de los transeúntes parecían haber perdido su color.
A lo lejos se divisaba a una chica con un vestido amarillo, intentando no perder el color, no llevaba paraguas, parecía sentirse bien con el tacto de la nieve en su cara. De pronto una bola de nieve chocó contra su espalda. Se dio la vuelta, un chico le sonreía mientras lanzaba hacia arriba otra bola de nieve cogiéndola en el aire, la chica sonrió y se agachó para contraatacar. Tras un rato de proyectiles por uno y otro lado acabaron acercándose lo bastante como para que el chico la agarrase y la levantase. Ella comenzó a reírse mientras intentaba soltarse pero no podía, él la tenía firmemente agarrada por la espalda y las piernas, acerco su cara a la del chico y le besó. Él, sorprendido, la soltó y se quedó mirando como le sonreía. Ella se acercó y le acarició la mejilla. Él puso su mano en la cara de la chica y acercó los labios a los de ella fundiéndolos en un dulce beso. Se separaron lentamente mirándose a los ojos. No volverían a fijarse en otros ojos que no fueran los que estaban viendo en ese momento, ya no.